
Pasé la tarde en la sede local de un partido político. Vale. Creíste que nunca oirías esto. Yo tampoco pensé decirlo. De sobra es conocido que no me gustan estos saraos, pero desde que hace un año me instalé en una silla en el
Ayuntamiento de Villaquilambre, la política me llega en algún momento del día. Tomar café a diario con un nuevo columnista de
La Crónica de León, a esperas de que no corra igual fortuna o desgracia, tómese la opción que proceda, que su antecesor, me trae de vez en cuando la política al sorbo y bocado de bizcocho. No es excusa, hay mil temas y le aturdo más con historias de Erasmus, o de cualquiera de mis viajes, qué él citarme quedadas, eventos y mítines socialistas. Amén de carteles, sugerencias, colaboraciones que han de hacerse por agradecer pero no sabiendo hasta cuando, la política, si señores, del ente popular, éste está en mi vida.
Ayer, decía, pasé la tarde en el local de los socialistas. Oposición, y punto (sin explicar de quien hacia quien). La excusa anterior fue la de trabajar con
Marta Martucelli sobre asuntos del
Consejo de la Juventud en el que me hallo inmerso. Ayer, la segunda, en representación de lo mismo, y caído ahí en gracia el día de mi cumpleaños por parte de un miembro de los de
Rosa Díez, y de mi misma asociación,
AEGEE: Apolítica, entre otras muchas cosas. Bendito el momento,
Adrián A., bendito el momento. Eso, el gaditano
Gabriel Alcorchel nos deleitó, y hay que decirlo así, con una charla-coloquio sobre políticas de juventud y oportunidades en el marco europeo. El presidente del
Injuve hizo referencia al Gobierno Central, y respondió a mis preguntas, inocentes en tema de subvención, si las comparamos con la avalancha de preguntas de otra gente que prefiere Génova, 13. El futuro de los jóvenes,
Libro Blanco y
Juventud en Acción (YiA), está en nuestras manos… o en las de los que votemos…
Jorge, hoy pago yo el café.